Voyeur es un término de origen francés que se utiliza para definir a un individuo que obtiene placer sexual (preferiblemente, sino exclusivamente) observando, sin ser visto, a personas desnudas o que se están desnudando o que están realizando el acto sexual (o bien, evidentemente, las tres cosas juntas). Este comportamiento suele ir acompañado de masturbación, durante o después de la observación. En la práctica es lo que en el lenguaje corriente se conoce como mirón.
Esto es, resumido en muy pocas palabras, el voyeurismo, aunque existen toda una serie de modalidades que caracterizan a menudo este comportamiento. Ya hemos dicho que el voyeur no quiere que nadie le vea; añadamos que prefiere que el objeto de su interés esté constituido por personas desconocidas; además, como cabría imaginar, es bastante frecuente que el hecho de espiar este tipo de cosas conlleve cierto riesgo de ser descubierto. Pues bien, estos tres elementos, es decir el carácter secreto, el riesgo y nó conocer a quien se está observando, constituyen los componentes del placer del voyeur.Más o menos se conoce la forma en la que los mirones preparan sus acciones: algunos permanecen por la noche apostados tras la ventana de su casa y armados de potentes prismáticos y esperan a que se encienda la luz en algún dormitorio o en algún cuarto de baño de la casa de enfrente, con la esperanza de vér algo. Hay otros que en las tiendas de ropa curiosean en los probadores en los que las clientas se prueban la ropa o que miran por el agujero de la cerradura de las puertas de los servicios o que hacen agujeros en las paredes de las cabinas que existen aún en algunas playas, etcétera.
Los voyeurs que van más allá, que son decididarnente más audaces, son los que se dedican a espiar a las parejitas que se ocultan en lugares como parques, bosques y zonas donde habitualmente se paran los coches de enamorados.
No está muy claro qué es lo que empuja a las personas a un comportamiento sexual tan furtivo y marginal. De cualquier forma, dicha actitud suele guardar relación con falta de seguridad en uno mismo y dificultad para integrarse en la sociedad, sobre todo en lo referente a las relaciones con el sexo opuesto.
Lo que muchos se preguntan es si estos individuos furtivos, que despiertan cierto rechazo y que al mismo tiempo dan también un poco de miedo por la forma en la que se mueven, pueden resultar peligrosos, esto es, pueden llegar a cometer verdaderos delitos sexuales.
En otras palabras: ¿puede el "mirón que observa a una mujer mientras se desnuda y que se excita hasta la masturbación acumular un deseo que le lleve a agredirla sexualmente, a violarla o asesinarla?. ¿Puede el voyeur que observa una relación sexual mantenida entre otras dos personas llegar a un nivel de exasperación del deseo que le induzca a cometer actos violentos?
Es verdad que de vez en cuando se dan casos de este tipo, pero en general es difícil que los autores sean verdaderos voyeurs. La mayoría de las veces son psicópatas de otro tipo, aunque hayan actuado como mirones en esa determinada circunstancia en la que ha madurado el delito o el crimen.
Los auténticos voyeurs, precisamente por sus problemas sin resolver, evitan cuidadosamente el romper la barrera de anonimato que les separa del objeto de su interés, no quieren que se produzca el contacto. Por consiguiente, tampoco son peligrosos. Como mucho, molestos.Por otra parte, un porcentaje de voyeurismo puede def inirse como fisiológico, si no llega a niveles en los que adquiere connotaciones de desviación sexual. En efecto, dentro de ciertos límites, cualquier persona ha sido un poco voyeur, y en parte se sigue siéndolo toda la vida.
De hecho entre los adolescentes es bastante corriente cierto comportamiento orientado hacia un voyeurismo suave. Por otro lado, el adolescente se encuentra en las circunstancias típicas que favorecen un comportamiento de esta naturaleza: fuerte deseo sexual acompañado de poca seguridad en sí mismo y dificultad para relacionarse con los demás.No hay que olvidar tampoco que la excitación sexual obtenida por vía visual, y concretamente al observar cómo otras personas se desnudan, realizan actos íntimos de distinto tipo o mantienen relaciones sexuales, es una realidad universal (aunque a este tipo de estimulación suele se más sensible el hombre que la mujer).
Una forma de voyeurismo fisiológico es, por otra parte, el constituido por los llamados fantasmas eróticos, es decir por las fantasías sexuales a las que muchos sujetos se abandonan, tanto en soledad como durante las relaciones sexuales.
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