LA PROSTITUCION

Prostitución proviene del latín prostitutio con el mismo significado que el actual; este a su vez proviene de otro término latino, prostituere, que significa literalmente "exhibir para la venta". La palabra puta proviene de la contraccion de prostituta y su confusion con lupa. Originalmente lupas eran las que ejercían la prostitución sagrada con los sacerdotes de este dios, los luperci, en el Ara Máxima. De aquí deriva también lupanar, que se emplea para referirse al prostíbulo, burdel o casa de citas.

La definición más escueta posible del concepto de prostitución es: la venta de servicios sexuales a cambio de dinero u otro tipo de retribución. Al hablar de prostitución, se sobreentiende que la persona que la ejerce no aplica más criterio en la elección del cliente que el de recibir el pago correspondiente, es decir, que no existe ningún tipo de emoción ni relación afectiva.
De modo que en un sentido más genérico y coloquial de la palabra, se dice también que se prostituye, por extensión, cualquier persona que "vende" sus servicios profesionales (no sexuales) por una causa que considera indigna, con el único aliciente de recibir un pago.
A veces se usa el término prostitución en el sentido mucho más amplio de mantener relaciones sexuales con un fin distinto de la reproducción o el placer de una de las partes, incluyendo formas (principalmente históricas) de prostitución religiosa en las que se practica sexo en cumplimiento de unos preceptos religiosos.
También entrarían en esta definición mas genérica el uso del sexo como forma de espionaje, y los casos de hombres y mujeres manteniendo relaciones con personas famosas a fin de vender la historia a la (prensa del corazón) a cambio de fama y/o dinero.
En estos dos casos se usa la equiparación con la prostitución con un ánimo evidentemente peyorativo. La mayoría de las prostitutas son mujeres que ofrecen sus servicios a hombres.
También existen prostitutos, que ofrecen sus servicios principalmente a hombres, o a mujeres en menor proporción (normalmente solo a unos o a otros).
El fenómeno de la prostitución se conoce prácticamente desde que existen registros históricos de algún tipo, y ha ido evolucionando junto con las formas sociales, aunque ha mantenido una imagen estigmatizada con el paso del tiempo.
La llamada prostitución religiosa desapareció paulatinamente del mundo occidental durante el Imperio Romano, aunque ha seguido practicándose en otras culturas hasta fecha reciente, y ha visto un repunte con la aparición de religiones alternativas en occidente. La presencia de esclavos y esclavas en los hogares sería uno de los motivos de la libertad sexual con los que se relaciona el mundo romano. Esta presunta libertad sexual estaría íntimamente relacionada con el amplio desarrollo de la prostitución.
Como en buena parte de las épocas históricas, en Roma las prostitutas tenían que llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar peluca amarilla e inscribirse en un registro municipal.
No en balde, Catón el Viejo dice que "es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres".
En el año 1 existe un registro con 32.000 prostitutas que estaban recogidas, habitualmente, en burdeles llamados lupanares, lugares con licencia municipal cercanos a los circos y anfiteatros o aquellos lugares donde el sexo era un complemento de la actividad principal: tabernas, baños o posadas.

Los distritos del Esquilino y el Circo Máximo tenían una mayor densidad de burdeles humildes mientras que los más elegantes se ubicaban en la cuarta región, habitualmente decorados con murales alusivos al sexo e identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche. Las prostitutas solían exhibir sus encantos en las afueras del prostíbulo y era habitual que en las puertas de las habitaciones existiera una lista de precios y de servicios.
Las prostitutas se dividían en diversas clases: las llamadas meretrices estaban registradas en las listas públicas mientras que las prostibulae ejercían su profesión donde podían, librándose del impuesto. Las delicatae eran las prostitutas de alta categoría, teniendo entre sus clientes a senadores, negociantes o generales.
Las famosas tenían la misma categoría pero pertenecían a la clase patricia, dedicándose a este oficio o por necesidades económicas o por placer. Entre ellas destaca la famosa Mesalina, Agripina la joven o Julia, la hija de Augusto. Las conocidas como ambulatarae recibían ese nombre por trabajar en la calle o en el circo mientras que las lupae trabajaban en los bosques cercanos a la ciudad y las bustuariae en los cementerios.
El lugar favorito para las relaciones sexuales eran los baños, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres; incluso conocemos la existencia de algunos prostíbulos frecuentados por mujeres de la clase elevada donde podían utilizar los servicios de apuestos jóvenes.

La prostitución estuvo regulada hasta el siglo XIII por el derecho canónico y más tarde por el poder civil en un intento por normalizar el papel de las casas de prostitutas en las ciudades, por eso nos encontramos con pocas penas contra las prostitutas (en realidad sólo la excomunión menor), no se condena la promiscuidad sexual, sino el engaño y los beneficios económicos que obtiene el proxeneta (cuyas penas iban desde el destierro hasta la muerte).
La razón básica de esta regularización era el evitar grandes vicios y daños a las personas honradas aceptando la prostitución como mal menor.
El problema se encontraba en regular la casa de putas de las grandes ciudades: se establecía así un burdel fijo para la mancebía y se prohibía que ninguna cortesana “bailara” fuera del lugar señalado para su trabajo. En las primeras mancebías ya se establece la estructura de lo que será la prostitución reglada, cómo se deben gobernar las mancebías y la condición social de la prostituta.

El eterno debate entre los detractores y defensores de la regulación de la prostitución ha vuelto a tomar un nuevo rumbo tras conocerse hace pocos días que María Isabel Martín se ha convertido en la primera prostituta de nuestro país que ha sido dada de alta en la Seguridad Social como «camarera de alterne» (aunque aún no está contemplada esta categoría), después de que un juez y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) le reconocieran sus derechos laborales. Esta decisión ha dado pie a que los diversos protagonistas implicados en esta actividad tomen posiciones proponiendo fórmulas diferentes para un negocio que, según las estimaciones oficiales más recientes, mueve cerca de 12.000 millones de euros anuales.
Pero no todas las organizaciones se muestran favorables a esta reivindicación. La coordinadora de la Asociación para la Prevención y Reinserción de la Mujer Prostituida (Apramp), Rocío Nieto, se declara contraria a la normalización de este tipo de trabajos. «Supondría regular la miseria y la explotación. La mujer no se prostituye libremente, sino bajo condicionantes de todo tipo. Muchas lo hacen para pagar una casa en su país de origen o para enviar dinero a su familia», dice Nieto.
Y es que aparte del debate, los datos oficiales señalan una realidad a tener en cuenta: el 70 por ciento de las mujeres que ofrecen sus servicios en este mercado del sexo son inmigrantes. Por ello, Nieto insiste en la conveniencia de plantearles alternativas sociolaborales para abandonar el oficio. De hecho, durante 20 años esta entidad ha trabajado por ofrecerles una salida digna, a través de talleres de formación y empleo, entre otras iniciativas.
La prostitución es hoy día una práctica ilegal en muchos países, propia de ambientes marginales y relacionada con otras formas de delincuencia. Muchas mujeres y niños son obligados a ejercerla por parte de individuos o bandas criminales organizadas, hasta el punto de que las Naciones Unidas, ya en 1949, promovieron una convención para el control de la prostitución y la lucha contra la trata de blancas generada a su alrededor.
En algunos países, principalmente del norte de Europa (como Holanda y Alemania), la prostitución es un oficio regulado en el que sus trabajadores y trabajadoras pagan sus impuestos y no arrastran una imagen social tan degradada (éste es el llamado modelo pro regulación; sus partidarios consideran a las personas que ejercen la prostitución como un tipo más de trabajador sexual). Sin embargo, en otros países del mismo entorno, como Suecia, se ha optado por permitir la prostitución penalizando el consumo, es decir, a los clientes (el llamado modelo abolicionista): se considera la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se intenta educar al público, pues se considera que la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras haya hombres que compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles.
La figura de la prostituta está también estrechamente ligada a la del proxeneta, persona que recibe un porcentaje de los beneficios conseguidos por la misma. En principio el proxeneta recibe ese dinero como pago por un servicio, habitualmente el de actuar como mediador entre la prostituta y el cliente, proveer la habitación o lugar donde tiene lugar el servicio sexual, etc. Sin embargo, cuanto más marginal es el tipo de prostitución, mas se convierte el proxeneta en un mero extorsionador, que en su grado más bajo retiene a las prostitutas bajo su control mediante amenazas y abusos que llegan a la violencia física.
Esta situación es más habitual (y prácticamente la norma) en países donde la prostitución es ilegal.
Sin embargo, la legalización no es suficiente garantía para evitar este tipo de abusos; en países europeos donde la prostitución es legal, como España, las fuerzas de seguridad detectan e intervienen de forma periódica en locales en los que se retiene a mujeres por la fuerza, obligándolas a prostituirse víctimas de redes de trata de blancas.

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