Qué hacer por el homosexual

Es relativamente inusual que los homosexuales se dirijan al médico para modificar su sexualidad, debido quizá a que saben muy bien que esto no suele ser posible y fundamentalmente a que los homosexuales no desean en absoluto un cambio de esta naturaleza.

Sí acuden en cambio al médico bastantes personas poco seguras de si mismas y de su identidad sexual.
En efecto, dada la actual situación social, resulta en muchos aspectos más fácil vivir como heterosexual.
Por otro lado, el médico debe ayudar a las personas que se declaran total u esencialmente homosexuales a entender que una conducta de vida homosexual supone pocas exigencias más y ofrece también pocas más posibilidades que una conducta heterosexual, pero que no obstante es posible vivir una existencia llena de satisfacciones, bien sea como heterosexual bien sea como homosexual.

Si el paciente pide directamente consejo al médico sobre la conveniencia de casarse, el médico debe, en la medida de lo posible, tratar de comprobar si el paciente debe considerarse "un verdadero" homosexual, ya que de ser así suele estar desaconsejado el matrimonio.
Ello es aplicable sobre todo en los casos en los que el paciente manifieste la esperanza de que el matrimonio llegue a "curar" su homosexualidad.
En muchos casos el médico no podrá tomar una posición definitiva, sino que deberá desgranar con el paciente todos los aspectos de la problemática, incluso aquellos que el paciente no haya tenido en cuenta, aunque al final deberá ser el paciente, y sólo él, quien tome la última decisión.

No es posible dar consejos generales sobre la conveniencia de que un homosexual casado hable de su homosexualidad al cónyuge, que no sabe nada. En algunos casos puede ser correcto, mientras que en otros puede resultar más perjudicial que beneficioso.
También en estos casos una conversación sobre todos los aspectos de la problemática, abierta, exhaustiva y libre de prejuicios, puede ayudar al paciente a tomar una decisión.
A menudo estas personas se sienten muy aisladas con su problema y no tienen a nadie, aparte del médico, con quien hablar al respecto, cuando la posibilidad de hablar de estos problemas resulta a menudo por sí sola de gran ayuda.

A veces se le pregunta al médico si la homosexualidad es hereditaria. Lo que quizá se hereda es cierta disposición, sobre la cual influyen luego de forma importante, en la primera infancia, los factores psicológicos.

Los parientes que buscan consejo en relación a la homosexualidad del cónyuge o del hijo albergan con frecuencia sentimientos de culpabilidad o de inferioridad.
A menudo estos parientes afirman que la causa o, en cualquier caso, un factor que ha contribuido a crear esa situación que les preocupa ha sido algo que ellos han hecho mal o algún aspecto negativo de su personalidad. Insisten en subrayar lo afectuosos y sacrificados que han sido, así como que se sienten engañados o rechazados.
Sucede a menudo que tienen una idea bastante alejada de la realidad de lo que significa ser homosexual. Algunos reaccionan de forma fundamentalmente agresiva, otros de forma más depresiva.

Lo que se debe hacer en un primer momento es escucharles y brindarles la oportunidad de manifestar sus sentimientos. A continuación hay que demostrar comprensión por su forma de reaccionar y hay que hablar con ellos de las consecuencias de la nueva situación.

Por último se les puede informar de toda una serie de situaciones reales que desconocen.
Hay que tratar de que adquieran un punto de vista lo más realista y objetivo posible en relación a la situación que están viviendo, por cuanto respecta tanto a ellos mismos como a los demás implicados.
Y es necesario invitarles a reflexionar seriamente sobre las consecuencias de su nueva condición, una vez que han adquirido conciencia de la situación. Pero tampoco hay que exagerar con la información y los consejos, subrayando, eso sí, que se les puede ayudar a tomar la decisión.
En los casos de divorcio en los que resulta que uno de los cónyuges es homosexual, puede suceder que se discuta a cuál de los padres debe confiarse la custodia de los hijos.
A este respecto no es posible dar indicaciones generales, sino que antes de nada hay que tener en cuenta de forma global la personalidad de cada uno de los progenitores, su conducta de vida, etc., y sólo en un segundo momento sus inclinaciones sexuales.

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