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En la adolescencia las manifestaciones afectivas entre chicos del mismo sexo son absolutamente normales. Tanto el chico como la chica registran con frecuencia tendencias homosexuales de las que, la mayoría de las veces, ni tan siquiera se dan cuenta. Se trata sin embargo de una fase normal de evolución destinada a ser superada por una clara orientación hacia la heterosexualidad. El caso más típico es el de los "amigos íntimos", que hace que se formen parejas fijas del mismo sexo, unidas por fuertes simpatías, por gustos e intereses en común, por una solidaridad que a menudo se manifiesta en contra del sexo contrario y por ciertas actitudes de intimidad.
Sin embargo, en la mayor parte de los casos este comportamiento,
que en realidad tiene algo de homosexual, no conduce al amor ni a ninguna búsqueda de satisfacción erótica. Por el contrarío, puede decirse que las "amistades intimas" que surgen en el periodo de la adolescencia tienen generalmente un valor positivo en el desarrollo hacia la madurez psicológica y muy a menudo son las más duraderas porque se prolongan en la juventud y en la edad adulta, sin influencia alguna sobre las costumbres sexuales.
La posibilidad de que adolescentes o jóvenes en general lleguen a la masturbación recíproca o a otros actos sexuales transitorios se presenta con mayor frecuencia, obviamente, en los ambientes en los que existe una separación más o menos rígida entre varones y mujeres, grupos de chicos o de chicas que tienen pocas o ninguna posibilidad de contacto erótico con el sexo opuesto: comunidades unisexuales como colegios, reformatorios, campamentos de deporte, cuarteles y prisiones. Son grupos o comunidades donde sin duda existen, como en todas partes, homosexuales verdaderos o individuos destinados a serlo, pero en una minoría. Sin embargo, ¿son suficientes, como habitualmente se dice, para "contagiar" la homosexualidad a compañeros y compañeras "sanos"? Se trata de una hipótesis aún sin confirmar, si bien resulta muy significativo el hecho de que la mayoría de los actos realizados, incluso por invitación de un homosexual auténtico, como "desahogo sustitutivo" suelen ir acompañados de fantasías eróticas dirigidas al sexo contrario, del que se siente la ausencia.
Todavía se halla muy extendida la opinión de que la aparición de la homosexualidad de forma estable debe atribuirse en general a una "seducción" sufrida en la infancia, en la adolescencia o en la juventud por parte de un extraño o de un adulto del mismo sexo. Sin embargo, si así fuera y dado que las experiencias homosexuales ocasionales son muy frecuentes, los hombres y las mujeres eróticamente "desviados" hacia personas de su mismo sexo serian mucho más numerosos de cuanto lo son en realidad. El "contagio" o la "seducción" homosexual representan pues sólo una hipótesis sin comprobar, la más fácil entre otras muchas.
Lo importante, y esto vale también para los adultos, es no dramatizar las propias experiencias de homosexualidad ocasional, transitoria y aislada que tengan lugar en ausencia de un compañero o una compañera del sexo opuesto, o bien en momentos de desequilibrio emocional o de malestar afectivo.
En tales casos no hay que cultivar sentimientos exagerados de culpabilidad o, peor aún, tener miedo a estar marcado por el "sello" de la homosexualidad. Hay que considerar en cambio que cualquiera puede pasar por una fase crítica de inseguridad o de desorientación que puede conducir a una inclinación erótica, aunque sólo sea afectiva, hacia alguna persona del propio sexo; pero esto, no obstante, no puede y no debe impedir que se emprenda o se reanude una vida de heterosexualidad, siempre y cuando no se haga de forma rígida, neurótica, cayendo en el exceso opuesto.
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