ACTITUD FRENTE A LA HOMOSEXUALIDAD

EL COMPORTAMIENTO y las características de la homosexualidad se hallan condicionados por la actitud fuertemente negativa que la sociedad alimenta en relación a ella. No obstante, va ganando terreno cierta actitud de comprensión ante dicha problemática, premisa fundamental para una sincera tolerancia.

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La actitud en relación a la homosexualidad ha sufrido muchas oscilaciones y variaciones en el tiempo. Este cambio de actitud ha hallado expresión, entre otras cosas, en cambios legislativos en muchos países, despenalizándose las relaciones homosexuales entre individuos que así lo decidan.

Sin embargo, la aparición del SIDA ha acentuado en muchas personas el miedo en relación a los homosexuales y ha dado pie a una nueva forma de discriminación. Al mismo tiempo, el elevado número de sujetos contagiados por el VIH (virus de inmunodefíciencia humana, denominado antes HTLV-III o LAV) y los problemas que esta grave epidemia conlleva han abierto los ojos a la opinión pública sobre situaciones a las que antes no se prestaba tanta atención.

Cabe preguntarse si una legalización exterior sea sinónimo de desaparición de la animosidad en relación a los homosexuales. Es un hecho que las sanciones externas contribuyeron en su día a alimentar dicha animosidad. Pero no está tan claro que ésta haya desaparecido ahora que ya no existen sanciones. Y esta pregunta da pie a otra: ¿por qué es sobre todo la homosexualidad masculina la que despierta rechazo, mientras que la femenina apenas si se considera un problema? ¿Y por qué tanto los heterosexuales como los homosexuales sitúan sobre todo al homosexual afeminado en el escalón más bajo en la jerarquía de valores?

La hostilidad que el hombre homosexual afeminado despierta con frecuencia se debe al hecho de que su figura se erige para los demás hombres como un fantasma que se ha de exorcizar.

Como ya se ha mencionado brevemente con anterioridad (al hablar del sadomasoquismo), en una serie de situaciones, tanto eróticas como de otro tipo, es necesario doblegarse, subordinarse, ser la parte pasiva (la que se somete). En otras situaciones, en cambio, es necesario tomar decisiones, asumir la iniciativa, adquirir responsabilidades, ser, en otras palabras, la parte activa (la que domina).

Es muy común que los hombres, con mucha mayor frecuencia que las mujeres, muestren dificultades a la hora de establecer un equilibrio correcto entre la posibilidad de ser la parte sometida o la dominante. Ello se debe quizá al hecho de que, de forma totalmente injustificada, estos hombres hacen suyas las equivalencias: feminidad igual a sumisión y virilidad igual a dominio.

Los hombres homosexuales, especialmente los afeminados, son inconscientemente considerados por muchos hombres inseguros un ejemplo de cómo podrían acabar; por ese motivo tratan de protegerse frente a esta amenaza guardando las distancias, demostrando aversión y agresividad. Las mujeres homosexuales no alimentan, en cambio, este tipo de temores.

Sí por un lado son nuestros conflictos, y en particular los relacionados con la problemática dominio-sumisión, los que determinan y caracterizan nuestra actitud ante el fenómeno de la homosexualidad, por otro lado una legalización exterior no basta para modificar la actitud general frente a la homosexualidad. ¿Serviría pues para algo una ley que prescribiera la "tolerancia"? Parece ser que en dicho contexto lo realmente necesario sería no tanto aprender a tolerar a los homosexuales, cuanto más bien aprender a aceptarse a uno mismo.

En definitiva, no se trata del problema de una minoría, de un favor especial que haya que conceder a un grupo de personas, sino de una problemática general que a todos interesa resolver de la' mejor forma posible. Además, el hecho de que mucho individuos aprendan a utilizar la angustia derivada de la comparación con personas homosexuales (y con los propios impulsos homosexuales conduce a adquirir una nueva confianza y conciencia de uno mismo.

Quizá en ciertas situaciones habría que aprender a preguntarse: "¿Por qué tengo miedo?" en lugar de convertir la angustia y el miedo en aversión y agresión. Sólo de esta forma es posible que la pseudotolerancia exterior, que hoy día parece la actitud dominante en relación a la homosexualidad, sea sustituida por una auténtica aceptación, firmemente consolidada sobre una base consciente.

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