LA MATERNIDAD
MIENTRAS la ciencia médica pone la procreación en manos de una tecnología
cada día más sofisticada, la psicología devuelve la maternidad al cuerpo
y, sobre todo, a la mente de la mujer. El embarazo es un momento que resume
en sí mismo toda la vida de una mujer en sus significados afectivos y
de relación.
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En el origen de toda persona hay una madre y un acontecimiento llamado
maternidad, que se ha venido produciendo y repitiendo casi invariablemente
a lo largo de toda la historia biológica y en su proceso fisiológico.
Sin embargo, son los elementos psicológicos los que convierten la maternidad
en una experiencia única e irrepetible, no sólo con respecto a otra madre,
sino también en relación a otros embarazos de una misma mujer. En efecto,
cada gestación constituye para la mujer un momento mágico de fantasía
y de deseos diferentes, del mismo modo que cada madre alberga sentimientos
distintos para cada hijo.
Las vivencias interiores, en su mayoría inconscientes, y las fantasías
de una mujer sobre si misma como madre y sobre el niño que va a nacer
revisten una enorme importancia, tanto para el desarrollo del embarazo
como para la sucesiva relación madre-niño, e incluso para el futuro del
nuevo individuo.
La maternidad debe considerarse por tanto como un largo y complejo
proceso que precede el momento específico del parto y en el que los sentimientos
antiguos y profundos influyen tanto en los miedos y en las fantasías más
recurrentes como en ciertas patologías propias de la gestación, del parto
y de la relación madre-recién nacido.
EL CUERPO Y LA MENTE EN GESTACIÓN |
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Durante la gestación todo el cuerpo sufre cambios y cada parte de
la mujer contribuye a estos cambios, activados y controlados por la mente.
La futura madre, a través de la fusión biológica con el feto, revive
la situación experimentada ya en su más tierna edad. Este intrincado juego
de viejas y nuevas identificaciones da lugar a una regresión totalmente
natural y que permite a la mujer relacionarse con el hijo que está a punto
de nacer, ayudándola a interpretar precozmente sus señales, para poder
luego responder a sus necesidades.
Parece ser que la naturaleza empuja a la mujer gestante hacia un camino
de retroceso, es decir, a volver con una parte de sí misma a ser de nuevo
niña, lo cual le permite ponerse en el lugar del pequeño y entenderlo.
Cada gestación va acompañada de sentimientos contradictorios, despertados
por un lado por la necesidad infantil que todos albergamos de ser atendidos,
protegidos y mantenidos lejos del peligro y, por otro, por la necesidad
materna de ayudar a crecer, de abandonar una condición de pasividad para
atender, defender y emancipar.
Algunos síntomas típicos de la gestación, como la náusea y el vómito
y ciertos miedos, como el temor a engendrar un niño no sano, pueden comprenderse
y valorarse sólo a través de un minucioso análisis de su significado simbólico.
Por esta razón, la mujer embarazada, psicológicamente más frágil que en
otros momentos de la vida, está siempre necesitada de "mimos"
y apoyo.
DE MADRE A HIJA

La mujer se prepara para su natural labor materna a través de un proceso
muy complejo, en el que intervienen primer lugar la relación con su madre.'
cada niña, en efecto, construye su propia identidad de mujer y futura
madre sobre las huellas de ese primitivo y antiguo modelo, aprendiendo
de su propia madre cómo hacerse mujer y madre a su vez.
La típica inversión de papeles que se observa en el juego entre niños
(cuando imitan a papá y mamá) pone de manifiesto el rico proceso de elaboración
interna que conducirá, como etapa evolutiva y a través de mecanismos de
similitud por un lado y de diferenciación por otro, a hallar los límites
de cada uno y el espacio individual.
En realidad se trata de una tarea que puede durar toda la vida y cada
maternidad pone de nuevo en juego la dinámica interna, precisamente porque
las vivencias psicológicas se hallan íntimamente ligadas a los aspectos
más antiguos y corpóreos del desarrollo de la identidad personal
LA
IMPORTANCIA DEL
CONOCIMIENTO PSICOLÓGICO |
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El conocimiento y la aceptación de los complejos mecanismos activados
por la experiencia de la gestación y de la aproximación del momento del
parto pueden resultar útiles para superar cierta ansiedad ante la inminente
separación entre madre e hijo, impidiendo que esta llegue a convertirse
en angustia o que pueda incidir de forma negativa sobre los "tiempos
de la gestación" (inexplicablemente demasiado larga o demasiado corta),
debido a secretos deseos subyacentes de expulsar o retener al niño a cualquier
precio.
El parto es, en efecto, el momento en el que la mujer está a punto
de enfrentarse a un ser nuevo y extraño que no volverá ya a formar parte
de ella misma; es el momento en el que a la relación psicológica y fantástica
viene a sumarse además la real, que es el resultado de una rica interacción
entre imaginación y realidad.
El contacto físico entre madre e hijo ayuda a superar la angustia
de la separación.
Se trata de una fase delicada, no sólo por la sensación de peligro
que durante siglos ha estado ligada a ella, exacerbada en algunas ocasiones por la percepción del dolor físico, sino sobre todo por
el miedo a la separación tras una unión que ha sido íntima, perfecta y
reconfortante.
El parto constituye el momento en el que la mujer, al separarse de
su niño, revivirá sus propios procesos de separación y hallará su propia
identidad.
LOS PRIMEROS
ACERCAMIENTOS MADRE-HIJO

Hay algunas madres que muestran dificultades a la hora de asumir su maternidad
y, con su comportamiento, delegan toda responsabilidad en el médico o en el
personal para-médico; hay otras que tienden a asumir todas las cargas, olvidando
incluso los detalles útiles para una correcta asistencia sanitaria. A menudo
se sienten atormentadas por una sensación de insuficiencia con respecto al prototipo
sociocultural de atención materna y alguna madre teme incluso no poseer instinto
maternal, porque siente a su hijo como si fuese un desconocido.
Al margen de inútiles luchas sobre el tipo de lactancia o
sobre el estilo correcto de maternidad, la atención a las preocupaciones y la
reformulación de las ansiedades permitirá a la madre "novata" recuperar
rápidamente la tranquilidad; será necesario hallar soluciones que no denoten
preferencia unas veces por el niño y otras por la madre, sino que al actuar
sobre su relación, desarrollen una correcta acción preventiva en relación a
la salud mental del nuevo ser y a su derecho inalienable a ser él mismo.
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