Cabe preguntarse cuál es el momento de la gestación en que puede decirse que el recién nacido comienza a vivir, a percibir sensaciones y a reaccionar en consecuencia, dejando de ser un organismo totalmente pasivo, aunque siga recibiendo de la madre todo cuanto necesita (alimentos, oxígeno y calor) a través del cordón umbilical. ¿Podría hablarse de
temporaneidad entre tal evento y la concepción? Y, en cualquier caso ¿de qué vida se trata? ¿De una vida vegetativa o también de uiia vida psíquica? Son éstas algunas de las preguntas para las que aún se está muy lejos de hallar respuestas definitivas. No obstante, en los últimos años la ciencia ha ampliado considerablemente sus conocimientos en torno a tales cuestiones.
Antiguamente se consideraba que, durante la vida intrauterina, el feto era un organismo frágil, totalmente dependiente, que se desarrollaba tranquilamente, equipándose poco a poco de todas las estructuras fisicas y de la energía necesarias para enfrentarse un día al mundo exterior, hasta llegar el momento del nacimiento, el "momento cero", el neonato, de descubrir que tenía vista y voz, comenzaba a poner en funcionamiento un sistema psíquico ya formado, pero hasta entonces inutilizado, impermeable tanto a los estímulos procedentes del ambiente representado por el líquido amniótico y la placenta como a los del mundo en el que viviá la madre. Esto era lo que se pensaba antes.
Hoy en día se sabe que no es así. La medicina ha demostrado que la manifestación de la consciencia y por consiguiente de la libre expresion de las posibilidades sensoriales no es un hecho sucesivo a la traumatica separación que supone el nacimiento, sino que ha de localizarse mucho antes, cumplido ya el cuarto mes de gestación, cuando ojos, nariz y boca estan completos, el latido cardíaco es regular y los órganos sexuales estan desarrollados.
A partir de ese momento, por ejemplo, el feto, gracias a la sensibilidad táctil, reacciona a las presiones y a las vibraciones; gracias al oido percibe y reconoce el latido del corazón de la madre y las ondas procedentes del exterior. Ello quiere decir que las futuras mamas no han hablado hasta ahora en vano a la criatura que llevaban en su imterior,
que este cariñoso monólogo verbal; prefiguración de un dialogo mas satisfactorio, no puede ya considerarse un impulso sentimetal carente de efectos.
Evidentemente, el feto no puede entender el sentido de las palabras, pero se ha comprobado que se halla en condiciones de percibir la diferencia entre un tono tierno y tranquilo y otro ansioso y preocupado; tampoco la alternancia en el ritmo de la voz, apresurado o lento, le pasa desapercibida. Frente a tales estímulos, el feto responde: cambia de postura, modifica la duración de los períodos de vigilia y sueño, realiza movimientos vivos o permanece inmóvil.