Calcio, fósforo y sales. La leche de vaca posee un contenido en sales y en minerales mucho más alto que la humana. Así por ejemplo, el contenido en calcio y fósforo de la leche de vaca es muy elevado, pero en la relación calcio-fósforo el metabolismo del calcio se halla en desventaja. A causa de ello, la administración en los primeros días de leche de vaca no modificada puede causar una hipocalcemia y, con ello, muchos inconvenientes. La leche de vaca posee un alto contenido en sodio y proteínas. A causa de ello, el niño criado con leche artificial debe eliminar a través del riñón una cantidad de agua mayor que la que elimina el niño criado al pecho (el agua transporta el sodio y el nitrógeno derivado de las proteínas).
Hierro.
Durante mucho tiempo se creyó que ambos tipos de leche, la humana y la vacuna, proporcionaban un escaso aporte de hierro en los primeros meses de vida Recientemente se ha demostrado que el hierro de la leche humana es absorbido en un porcentaje que se acerca al 50 %. Estando así las cosas, resulta que la leche humana aporta mucho más hierro de lo que se creía antes.
Vitaminas.
La leche materna y la leche de vaca poseen un contenido similar en vitamina A; la vitamina E se halla presente en mayor cantidad en la leche materna que en la de vaca, mientras que sucede lo contrario con la vitamina K. El contenido en vitamina C de la leche humana es suficiente para el organismo, mientras que no puede decirse lo mismo en relación a la leche de vaca (que, además, pierde parte de su vitamina C por acción de los procesos de conservación y esterilización). Durante mucho tiempo se creyó que la leche humana era pobre en vitamina D, que es la vitamina antirraquítica por excelencia, por lo que no se hallaba explicación al hecho de que el raquitismo fuese raro entre los niños criados al pecho y frecuente entre los alimentados artificialmente. Recientemente se ha demostrado que la cantidad de vitaminas presentes en la leche humana es suficiente para las exigencias del niño. La razón por la que antes se creía todo lo contrario es que la vitamina D se halla presente en la leche materna en una forma distinta a la que se buscaba
Factores antiinfecciosos.
Ha sido ya ampliamente demostrado que la leche humana posee importantes propiedades antiinfecciosas. La leche materna contiene, en efecto, determinados anticuerpos. Estos anticuerpos (más abundantes en la leche materna de los primeros días después del parto, es decir, en el calostro) no pueden ser absorbidos por la mucosa intestinal y, por consiguiente, ejercen su actividad protectora en el tracto gastrointestinal y posiblemente en las vías respiratorias, adonde podrían llegar con alguna burbuja de leche. Muchos de estos anticuerpos presentes en la leche humana poseen una acción especifica contra numerosos gérmenes patógenos, protegiendo al organismo frente a las infecciones.
La leche humana influye en la composición de la flora bacteriana intestinal y de las heces. Las heces de un niño criado al pecho son ácidas, amarillas y con un olor picante, mientras que las de un niño alimentado con leche de vaca son alcalinas, blanquecinas y de olor fétido. Tales diferencias se acompañan de presencia de microorganismos distintos en ambos casos. Esta mayor protección frente a las enfermedades graves en comparación con las leves es más evidente en los primeros meses de vida y es proporcional a la duración de la lactancia al pecho.
Como ves en el 90 % de los casos, si quieres puedes.