La regla más importante para que la lactancia materna
siga un buen curso es que la madre esté convencida de que quiere dar
el pecho a su hijo. Para que ello tenga lugar, es necesario que la madre
esté decidida a dar el pecho a su hijo desde el momento en que sepa
que está embarazada o, por lo menos, en los últimos meses de gestación.
Durante este periodo, es decir, en los meses anteriores al parto, tiene
que empezar a observar si sus mamas son adecuadas para la lactación.
Cogiendo entre el pulgar y el índice la areola mamaria y acercando los
dedos entre sí se ve si el pezón sobresale normalmente, lo cual favorece
la succión. De no ser así, se pueden efectuar masajes diarios con la
esperanza de que propicien la protrusión del pezón. En los últimos días
de gestación, la madre debe empezar a lavar el pezón para desobstruir,
si fuera necesario, los conductos galactóforos y puede empezar a exprimir
alguna gota de calostro. Para ello, deberá tomar con ambas manos la
mama desde la periferia y comprimirla. De esta forma la leche será empujada
hacia el interior de los conductos; en un segundo tiempo, la madre deberá
sujetar la mama desde la base con la mano del mismo lado y exprimir
luego el pezón con el índice y el pulgar de la mano opuesta. Si, llegado
el momento del parto, los masajes no hubieran producido la protrusión
del pezón retraído, la lactancia puede ser todavía posible por aplicación
de un extractor de leche de vidrio o de plástico. Por lo demás, la preparación
de la mama para la lactancia se produce de forma espontánea. Gracias
a la acción de dos hormonas, la foliculina y la progesterona, se produce
el desarrollo del tejido glandular y de los conductos galactóforos.
En el momento del parto, se registra una caída brusca de las cifras
de foliculina y de progesterona y tiene lugar la secreción de otra hormona,
la prolactina, por parte de la glándula hipófisis anterior. De esta
forma, comienza la secreción de leche. Es este un proceso que tiene
lugar en dos tiempos: secreción de leche a los conductos desde el tejido
glandular mamario y excreción de la leche al exterior a través del sistema
de conductos galactóforos. Una vez que ha comenzado la secreción, es
necesario tener en cuenta una serie de principios para que ésta continúe
normalmente, como por ejemplo que no hay secreción sí la mama no es
estimulada por la succión, según demuestran la práctica y los estudios
experimentales. Estos últimos han puesto de manifiesto que distintas
manipulaciones de las mamas (como por ejemplo la ligadura de los conductos
galactóforos) no detienen la secreción láctea si la succión continúa;
y, al contrarío, si se toman medidas que imposibiliten la succión de
la mama o que la insensibilicen, la secreción se detiene. Por otro lado,
la secreción de leche queda interrumpida si la mama no queda totalmente
vacía. Desde este punto de vista, no existen problemas cuando quien
succiona la mama es un niño lo suficientemente grande y fuerte. Sin
duda alguna, será capaz y tendrá apetito suficiente para vaciar completamente
el pecho. Sin embargo, sí pueden presentarse problemas durante los primeros
días de vida del niño o si se trata de un niño débil. Cuando se dan
tales condiciones, el pecho debe ser vaciado después de la toma manualmente
o mediante el "sacaleche".
Durante la succión, el niño toma en su boca el pezón
y la areola, ejerciendo una presión negativa equivalente a unos 200
mm de mercurio. La penetración del pezón debe ser profunda, de modo
que el niño pueda apoyar sus labios sobre la piel que rodea la areola;
sólo así podrán partir de ésta estímulos que inducirán la contracción
de los canales galactóforos y determinarán la salida al exterior de
la leche. Para que el acto de la succión pueda tener lugar, es necesario
que el niño se encuentre cómodo y que la madre no sea molestada.

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LA
LACTANCIA MATERNA
¿Cómo hay que cuidarse el
pecho durante la lactancia?
Se trata de cuidados muy sencillos. Hay que lavar
las mamas con un algodón embebido en agua hervida.
¿Qué dieta debe seguirse?
La dieta debe ser completa y más rica de lo normal;
deben introducirse en ella principios nutritivos y calóricos en cantidades
capaces de compensar las pérdidas constituidas por la secreción láctea.
La dieta debe ser rica en alimentos frescos para evitar carencias
vitamínicas y debe presentar una cantidad adecuada de líquidos, dado
que el agua es la base de la leche.
Es conveniente eliminar alimentos que confieren a
la leche un sabor especial, desagradable para el niño. Entre ellos
cabe mencionar, por ejemplo, la col, las cebollas, el ajo y los espárragos.
¿Cuáles son los alimentos
que aumentan la secreción láctea?
No hay alimentos o bebidas que aumenten la secreción
láctea. Las tan manidas propiedades de algunos alimentos jamás han
sido confirmadas.
¿Qué régimen de vida le está
permitido a la mujer que está dando el pecho?
La mujer que está dando el pecho a su hijo puede seguir
una vida normal; ello significa que no debe renunciar a muchas cosas,
pero también que no puede hacer cosas especiales, como por
ejemplo realizar deporte de competición.
Por otro lado, no hay duda de que una vida tranquila
es muy importante Emociones, preocupaciones y miedos son factores
que alteran el equilibrio psíquico materno y que no son, por tanto,
buenos para la lactación. El tabaco es perjudicial.
Si la madre no tiene bastante leche,
¿se puede administrar leche artificial desde las primeras horas?
Si se ha decidido renunciar a la lactancia materna,
se puede efectivamente administrar leche artificial. Pero si la madre
no se ha decidido aún en tal sentido, hay que evitar la administración
de leche artificial. El neonato sin hambre no succiona o succiona
con poca fuerza. Este hecho no favorece la secreción del calostro
en principio y de la leche después. Por consiguiente, si se decide
optar por la lactancia materna, el niño deberá recibir desde el principio
de forma exclusiva leche de la madre y, si tuviera sed, un poco de
agua.